domingo, 28 de junio de 2015

El valle de la cueva sagrada.



              


El Valle de la Cueva Sagrada.



                              Bajo el radiante reflejo de una luna azul, en el desierto más árido, cerca de las montañas, dos jóvenes indias corren a jugar dentro de una cueva. Ambas crecieron juntas en su pueblo, los Aikasuka, una tribu de indios nómadas que recorrían el Noreste de una tierra aun sin nombre. El jefe de la tribu era también el padre de Siomara, una de las niñas y Desirée era su amiga íntima, hija de unos de los guerreros favoritos del Jefe. Ambas tenían cerca de catorce años cuando jugaban cerca de aquella cueva, de entrada serpenteante y profunda.
Ellas no sabían que habían descubierto un oasis secreto dentro de aquella cueva. Cuando lograron penetrar en ella, la selva las sorprendió y una laguna de termales aguas cristalinas las sedujo a entrar.
                   Y ocurrió que, Siomara y Desirée estaban crecidas. Sus cuerpos estaban desarrollados y eran hermosos. Su piel desnuda en aquellas aguas parecía resplandecer y ambas estaban saliendo de la laguna con su torso desnudo.  
Desirée miraba el cuerpo de Siomara y le atraía aquel color de piel extraña entre morena y blanca y Siomara disfrutaba que Desirée la observara con aquellos ojos color miel. Ambas estaban pasando por un cambio hormonal muy fuerte y su gran amistad les permitía hacer lo que ellas quisieran.
Siomara pasó las yemas de sus dedos sobre la piel de su amiga, con mucha calma y con la suficiente energía para que Desirée la sintiera.
Apoyó su cuerpo sobre la vegetación y dejó que su amiga acariciara su cuerpo.

-Siomara quiere descubrirte amiga mía, dime si a Desirée no le agrada ¿sí?-dijo Siomara mientras sus manos recorrían con suavidad los pezones erguidos de su amiga, que ahora estaba hechizada por el fuego que sentía sobre su pubis.
Y sus labios con toda su humedad se apoyaron sobre aquellos pechos y con su lengua comenzó a recorrer toda aquella piel entregada al placer que ambas sentían al acariciarse con sus bocas.
               El juego de tocarse dio paso a roces eternos de lengua, una sobre otra, como lenguas de serpientes que no dejan de salir con firmeza, hasta llevar el clima de amor intenso hasta el punto más alto al que alguna vez sintieron. Las piernas de una entrelazaban a las de la otra y sus partes más íntimas comenzaron a rosarse, produciendo que una terminara sobre otra. El amor entonces, cubrió con su sombra aquellos cuerpos que se fundían como el agua que las rodeaba. Y la soledad que ambas sintieron alguna vez desapareció para siempre, porque sentían que juntas eran una sola carne. Y sus labios festejaron este encuentro, sellando cada gota de sudor entre sus pieles y se abrazaron con mucha fuerza hasta quedar dormidas.
Durante los seis inviernos siguientes, aquella cueva fue encuentro de estas muchachas que, solo esperaban el día para encontrarse y descubrirse en su pequeño juego sexual mientras se
convertían en mujeres hermosas, llenas de vitalidad y listas para engendrar vida.
                        Entonces un día, volvió uno de los jóvenes de la tribu, con la cabeza de un lobo alfa entre sus prendas y su piel recubriendo su cuerpo y toda la tribu salió a festejar su regreso, porque esto marcaba el paso de joven a adulto en la tribu de los Aikasuka. Y el jefe salió de su choza y camino hasta pararse frente al muchacho. Y el joven sacó de entre sus prendas de vestir, un colmillo de unos diez centímetros, perteneciente al lobo que acababa de matar con solo un pequeño cuchillo de tronco de madera y se lo dio al jefe.
Este lo aceptó, lo que indicaba que aceptaba que ya no era más un joven de la aldea, sino más bien un guerrero adulto cazador de la tribu.
Este ritual pasaba con los jóvenes cada vez que alguno de ellos pedía hacerlo. Muchos no regresaban de aquella noche de valor, pero que lo hicieran era motivo de celebración, así que los de la tribu gritaron su particular grito de bienvenida a los dioses y festejaron toda la noche.
Ahora bien, el joven miraba a Desirée con deseos de tomarla como esposa. La madre y el padre hayan notado esto y ambos estaban esperando que la mujer, ya de unos 18 años aceptara ir con el nuevo guerrero a su choza. Esto es tomado entre los indígenas de la tribu como un matrimonio y el comienzo de una nueva era para la tribu, quien bendecida por los dioses, tendrían más alimento.
Pero la mujer estaba mirando hacia abajo. No quería ver los ojos del cazador, porque no quería despreciarlo ante toda la tribu.
Siomara miraba todo desde lejos, pero su corazón estaba con su amada, quien no sabía cómo salir de esa situación.
Entonces el guerrero caminó hasta ella, se paro frente a ella para que no pudiera evitarlo y cuando la quiso tomar, Desirée salió corriendo hacia el monte despavorida. Los más viejos, al ver esto se echaron a reír entre ellos y el joven guerrero, lleno de ira entonces sintió el rechazo y la deshonra lo obligó a correr detrás de esta mujer rebelde, para darle muerte.
Pero Siomara salió corriendo también detrás del guerrero, y en la tribu, esto no llamó la atención, más bien ocasionó una confusión, pensando que Siomara era la que quería estar con el guerrero, así que el jefe detuvo a los demás que salían a proteger a su joven novato.

-Déjenlos, que ellos resuelvan lo que harán. Mañana, al amanecer sabremos que paso-dijo el jefe mientras se metía a su choza y todos obligatoriamente hicieron lo mismo.

                       Desirée corrió hasta la cueva secreta, pero el guerrero la vio entrar a esta en la cueva y entro detrás para tomarla pensando que estaba atrapada. Y cuando logro penetrar en la cueva, luego de serpentear por ese oscuro recoveco, vio con asombro ese lugar maravilloso. La enorme cascada que salía de la roca y que caía sobre este hermoso lago de aguas traslúcidas. Un lugar rodeado de vegetales y tanta vida debía pertenecer a los dioses, y mientras su mente divaga hipnotizado por este paraje bello escondido en la montaña, Siomara, que entró detrás de él, le asentó un golpe en la cabeza con una roca caliza del tamaño de su mano, y el guerrero quedó allí tendido, sin mostrar señales de vida.
                  
-¡Que has hecho amor! ¡Lo mataste!-dijo Desirée a su amante Siomara, con la angustia de una niña. Sabiendo que ahora ambas estarían condenadas a muerte por el resto de la tribu.

-Jamás hubiera permitido que un hombre te tocara, mi amada de ojos del color del ocaso-dijo Siomara mientras la abrazaba con mucha ternura. Pronto el llanto apareció como un sol fuerte después de una larga lluvia y sus labios se encontraron en un eterno beso, que se cortó solo por el temor que invadió la mente de ambas mujeres.

-¿Que es lo que haremos ahora?-dijo Siomara mirando al guerrero yaciendo en el piso.

               Y juntas cavaron una fosa con sus manos, en aquellas tierras fértiles y aireadas. Y taparon con muchos arbustos la entrada a la cueva, como hasta una cuarta parte del camino hacia adentro, y Siomara volvió a la aldea a la mañana siguiente e informó al gran jefe de la tribu que Desirée y el joven guerrero habían partido juntos hacia el norte, que jamás regresarían. Y el rey les creyó. La madre y el padre de Desirée creyeron también las palabras de Siomara. Y todos, ese día, creyeron en la historia que Siomara contó como cierta, pero la gran hechicera no dejaba de arrojar las dunas hacia arriba y en cuanto caían sobre el plano de un viejo tronco muerto, miraba fijamente a Siomara, como si supiera del infortunio destino de aquel joven guerrero.
Entonces, Siomara caminó hasta la hechicera hasta que su nariz chocó contra la nariz de la bruja y le dijo:

-¿Acaso mis ojos cuentan otra historia para ti vieja?- Y la vieja le mostró las runas y su posición en el tronco liso, luego las tomó y las volvió a arrojar hacia arriba, y al caer, volvieron a caer de la misma forma y en la misma posición. Y arrojó las dunas una tercera vez y volvieron a caer en el mismo lugar, de la misma forma.
Y Siomara tomo las runas y las arrojó en el aire sobre el tronco y cuando estas cayeron, la hechicera se impresionó y se cubrió la boca por el asombro de lo que leyó en ellas.

-El está muerto. Y ella está en cinta, esperando un hijo -Dijo la bruja asombrada.

-¿Ella esperando un hijo? ¡Mientes, maldita bruja! Ella jamás se acostaría con un hombre, hicimos un pacto hace años con respecto a eso- dijo susurrándole al oído Siomara a la bruja.

-Un pacto de carne entre mujeres, no es un pacto. Los dioses están ofendidos con su arreglo matrimonial y un espíritu tomó el cuerpo de tu amada amiga y envolvió su vientre con energía que desconoces. Ahora ella espera un hijo, que tendrá ambos genitales en uno. Y su vida y el amor que ambas sentirán por el niño los delatará con el tiempo y ambas serán colgadas en el viejo árbol de los muertos. Y el niño será perseguido como una abominación. Como una maldición de los dioses. Y será quemado frente a ustedes, mientras sus espíritus abandonan el mundo de los vivos.-le predijo la bruja, por lo que vio en las dunas, pero Siomara estaba llena de ira y mirándola fijamente le pregunto:

-¿Y tu bruja, que historia contaras cuando yo no esté frente al rey?-

-Yo no diré nada, porque tu cuchillo estará en mi garganta y no me matará, pero cortará mis cuerdas internas que producen el sonido, y mi voz morirá para siempre- dijo la bruja, mientras Siomara cortaba con mucha experiencia el cuello de la hechicera. La bruja cayó al suelo cubriéndose su garganta y Siomara pensó que si la bruja moría ese mismo día, ya no tenia que ocurrir como había predicho. Entonces, se inclinó sobre ella y la asesinó.
                 Y nada de lo que la bruja había hablado aquella tarde ocurrió. Siomara y Desirée vivieron hasta hacerse viejas. Y el niño creció y se volvió fuerte y único en su especie, porque tenía el poder de un guerrero y la virtud de una mujer y su prole fue perfecta. Híbridos de híbridos que vivieron siglos y siglos.
                En cuanto a estas dos mujeres que se amaron hasta el último día, sus días fueron largos y felices. Y no hubo un día que Siomara no amara con pasión desenfrenada a Desirée, hasta que el viento sopló por última vez, 
                                             en el valle de la cueva sagrada.


                                               F  I  N




                                                                 por: LUIS SADRA


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