martes, 30 de enero de 2018




Ciclos.



Algunas cosas no vuelven a ser como eran.
Las personas alteran su esencia.
Se deshacen de capas y capas de todo aquello que les dejo un mal sabor.
Y construyen muros impenetrables.
Escalones en una escalera 
que no va a ningún lado,
Luego te hacen trepar por ella discretamente.
Te seducen para que abras 
la puerta que te separa del mundo
Y se meten. 

.

Ignoran tus cicatrices. Tus viejos estigmas.
Se muestran tibias de piel. Seductoras.
Te abrazan, te besan,
Se desnudan y te aman.
Y cuando tu corazón comienza a latir a un ritmo desconocido, se transforman.
Mutan desde lo más profundo.
.
Como si una conciencia superior 
los obligara a partir,
No importa hacia donde.
Y se van, sin afectarles nada.
Amalgamando el amor 
con cualquier otro sentimiento.
Aniquilando sueños 
que parecían estar sincronizados
Y que ahora se ahogan en un mar de lágrimas secas como hojas de un otoño eterno.

.

Y me quedo con un millón de preguntas retóricas.
Un sinfín de inquietes que se extinguen en un ciclo extraño de biósfera humana
Que nunca logro interpretar. 
Y de todo este estado de confusión intermitente
Lo único que reconozco, es ese triste abismo desolado en el que me sumerjo.

.

Entonces ella aparece refulgente
Con su capa de hielo sólida 
y su hoz magullada por
 un millón de siglos olvidados.
Y mientras me roza con su vara angustiada
Y me transmite la depresión 
que me ahoga en la oscura tiniebla, 
Atravesando la profundidad 
del silencio. Me pregunto:


¿Sabrá ella que tan lejos debo descender para volver a empezar?


Entonces, cuando el filo acaricia mi piel 
sobre mis venas,
Aquel viejo ángel regresa a sacarme del abismo.
Y me eleva errante y adormecido.
Levitando entre capas de barro.
.
Me apoyo en ese muro frío…
Enciendo un cigarro para liverar la tensión
Y antes de acabarlo, 
una extraña presencia se acerca.
Ella habla y sus palabras abren 
puertas que creí cerradas.
Ya es tarde para refugiarme en mi mismo.
Y aunque reconozco las baldosas de esta calle 
Y el final de este fotograma
Vuelvo a creer. 
A confiar en sus ojos de brillo extraño
.
Somos transeúntes de un ciclo interminable.
A veces dilatado, a veces breve.
Otra veces blasfemo…
Eterno por donde lo mires.
Pero en definitiva…
El ciclo que queremos.


                                                      Luis Sadra. 




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